LA REIVINDICACIÓN DE LAS MUJERES ANTE LA DISCRIMINACIÓN EN LOS ESPACIOS DEL SABER

Por: Ma. Nohemí González Martínez*

El 8 de marzo de 2018 las mujeres que somos profesoras e investigadoras, a nivel planetario hemos alzado nuestra voz exigiendo igualdad a la luz de nuestros tiempos y reconocimiento que vamos siendo mayoría en nuestras universidades al igual que van siendo mayoría las estudiantes y las trabajadoras administrativas y personal de servicio. La feminización de las universidades en la actualidad fracturó algunos de los bastiones patriarcales que caracterizó este espacio como tierra de hombres.

Hoy es una realidad que nuestro trabajo aporta a la calidad de la investigación y la docencia. Es la relación educativa el centro de nuestro trabajo, insistimos a través de nuestra labor en la necesidad de cuidarnos entre personas, la necesidad de cuidar los espacios, y seguimos velando por la convivencia universitaria. Pero es necesario preguntarnos hoy: ¿por qué debemos hacer un paro las académicas de nuestros tiempos?

Porque en las universidades las mujeres recibimos salarios más bajos por igual trabajo, y si este salario es equiparable, no responden a la realidad de la dedicación a tiempo completo que ocultan. Las carreras académicas de las mujeres están más llenas de obstáculos que la de nuestros compañeros. Los contratos son más precarios. Se concede menor financiación a nuestras investigaciones. Los sesgos implícitos de género discriminan a las mujeres en la percepción de méritos en los procesos de evaluación, acreditación, selección y promoción.

Hay sesgos de género en la revisión y aceptación de artículos, en la evaluación de proyectos de investigación e incluso en el volumen de citas recibidas por nuestros trabajos académicos. Y más allá de ello debemos parar para alzar la voz y exigir una cultura universitaria libre de acoso sexual, sexista, LGBTIfóbico, racista, clasista, donde se respeten nuestros cuerpos y nuestras ideas.

Debemos parar porque necesitamos la aplicación efectiva de los procedimientos de investigación y sanción de los protocolos contra estas violencias y la asignación de un mayor volumen de recursos a las actividades de sensibilización y prevención de las violencias en los espacios universitarios.

Esas son nuestras reivindicaciones hoy que podemos ostentar el título de académicas, pero cabe hoy recordar que el discurso tradicional misógino de las mujeres dominó una parte de la historia: la idea de la mujer como deficiente y mutilada (Aristóteles), como responsable del pecado original (San Pablo), como la mártir, la ama de casa ideal, el perpetuo refrigerio y descanso del guerrero (Rousseau), había sido hasta hace poco los referentes para analizar el pasado de las mujeres, lo que hace pensar que la historia para ellas ha transitado por un camino de ortigas, pero una nueva revisión a la historia ha permitido descubrir que en medio de las restricciones, las mujeres han desafiado las tradiciones y en medio de las variadas censuras y limitaciones consiguieron espacios de autonomía, saber, estudio, creatividad y vivieron experiencias placenteras como los afectos, el amor, el sexo y el respeto a su propio cuerpo.

Las mujeres académicas hoy contamos con una ruta heredada de nuestras predecesoras, que lograron relacionarse con diferentes formas del saber, a pesar de la reprobación y la descalificación, ellas ejercieron su derecho a la creación intelectual, lo que nos mueve a saber de qué medios y salidas se valieron para ocupar dichos espacios. Son estas antecesoras las que nos proporcionan ejemplo para seguir retando censuras y conquistar nuevos espacios.

Si tomamos, por ejemplo, el inicio del siglo XV como referencia, observamos a escritoras hispanohablantes de talla intelectual como Teresa de Cartagena, la primera monja y la primera mujer que escribe en español con afán literario. Su obra Operum Dei, que despierta admiración, es además el primer tratado en defensa de las intelectuales. En el siglo siguiente, Santa Teresa de Jesús es famosa por su condición de mujer mística, fundadora y reformadora de la obra carmelita en España. Su obra literaria es muy extensa; declarada Doctora de la Iglesia en 1970, patrona de los escritores españoles en 1965 y se le ha llamado la “séneca del pensamiento místico español”.

Asimismo, Isabel de Villena, escritora valenciana, autora del Vita Christi pone de relieve la vida de Cristo a partir de la intervención de las mujeres en éste: Santa Ana, María Magdalena, Eva y María. Es una obra que se esfuerza en reivindicar la genealogía femenina de Cristo y el papel de la mujer en la historia de la salvación. Sor Valentina Pinedo, escritora Sevillana del convento de San Leandro, defiende la autoridad femenina a través de las críticas sobre la ausencia de la genealogía femenina de Cristo en los evangelios, situándose en una actitud disidente.

En la primera mitad del siglo XVII vivió María Coronel y Arana la “Monja de Ágreda”, famosa por sus éxtasis, visiones prodigiosas y experiencias místicas con gran capacidad para escribir.

En la segunda mitad del siglo XVII, en México, Sor Juana Inés de la Cruz se destacó por la versatilidad de su inteligencia: realizó experimentos científicos, compuso obras musicales, escribió poesías, varias obras dramáticas y un texto teológico.

Entre las Laicas podemos destacar a la francesa Chirstine de Pizán, considerada la primera mujer profesionalmente intelectual, su obra más conocida es la utópica en su tiempo La ciudad de las Damas. En ella defendió los derechos de las mujeres contra la tendencia misógina de la época, lo que la convirtió en la primera femenina en intervenir en la famosa “querella de las mujeres”.

Pizán le da forma al movimiento intelectual reivindicativo que recibió el simbólico nombre de la Querella de las mujeres. Surge en la Europa feudal del siglo XIV, y se trata de un debate en el que participaron tanto hombres como mujeres, y que se extendió hasta la época de la revolución francesa. Pero fue Pizán quien le dio forma definitiva en el siglo XV al rebatir los conceptos de Jean de Meun. Su pensamiento se desenvuelve a partir de un proceso de observación en el que toman parte desde princesas y grandes damas, hasta mujeres de baja condición. No admitía, intelectualmente hablando, que el juicio los hombres ilustres estuviese bien fundado. Era fruto de partidismos y de una mentalidad extremadamente jerárquica.

En España tropezamos con la figura de María de Zayas. Escribió lírica y teatro, pero sus obra más importante son sus Novelas amorosas y ejemplares, escritas hacia 1635, en las que afirmó la igualdad de género y defendió a las escritoras e intelectuales. Zayas se refiere a la “fama de las mujeres tan postradas y abatidas por su mal juicio, que apenas hay quien hable bien de ellas; “que no se verá un libro u oirá una comedia y no hallarán en él a una mujer inocente, ni un hombre falso, ni comedia se representa, ni libro se imprime, que no sea todo en ofensa de las mujeres”1.

En las obras de estas autoras aparecen tres constantes: la declaración de humildad, la queja por falta de educación adecuada, y el orgullo generado por su trabajo. Teresa de Cartagena habla de su “flaca discreción”, María de Zayas de su “pobre y mutilado entendimiento”, pero paralelamente hay un enorme orgullo por aquello que ha salido de sus manos. En sor Juana Inés de la cruz se vuelve evidente ese orgullo en medio de la sutil burla que implica preguntarse con aparente humildad “¿Qué podemos saber las mujeres sino de filosofía de cocina?”, “Si Aristóteles hubiera guisado, mucho más hubiera escrito”2.

Una de las declaraciones de igualdad que Sor Juana Inés de la Cruz defiende, lo hace en la carta escrita al obispo de Puebla Manuel Fernández de santa Cruz, escrita en 1691 donde cuestiona fuertemente la prohibición del estudio a las mujeres, y es entonces cuando hace la ya famosa declaración: “su inteligencia, padre, como la mía, vienen del mismo lugar”. Cuestionamientos como “…Pero los privados y particulares estudios ¿quién los ha prohibido a las mujeres? ¿No tienen alma tan racional como los hombres? ¿Pues por qué no gozará el privilegio de la ilustración de las letras con ellas?... ¿Qué dictamen de la razón hizo para nosotras tan severa ley? Son cuestionamientos que de verdad se quedan sin explicación”3. Es el mismo reclamo que 40 años antes había hecho María de Zayas cuando declaró “estamos hechas de la misma masa y trabazón”.

Christine de Pizán en la Ciudad de las Damas escribe…”porque la ignorancia no sirve de excusa, si matasen con buenas intenciones ¿habrían hecho bien? Todos, tal y como lo ves, no han hecho otra cosa con sus acusaciones que abusar de un derecho, porque no es justo causar daños y perjuicios a una parte con el pretexto de ayudar a la parte contraria, como hacen condenando la conducta de todas las mujeres”4.

La exploración histórica ha permitido ir develando multiplicidad de nombres que muestran las trayectorias vitales de mujeres que lograron un marco de visibilidad, que junto a las referenciadas anteriormente se destacan por su aporte diverso y sus actos de presencia en la historia. Enumerarlas implicaría varias líneas de nombres, plantear desde ellas una reflexión aporta en muchos casos un encuentro o un reencuentro con nuestro sistema identitario como académicas, que para muchas mujeres aún siguen siendo silenciados, agraviados y limitados. Por ello se hace indispensable un recuento histórico un marco para mirar el espejo y romper el silencio.

Este 8 de marzo las mujeres académicas recordamos con esta conmemoración que el cultivo de nuestro entendimiento debe seguir rompiendo las barreras de las capacidades corporales que poseemos y las falsas nociones de la modestia.

1. María de Zayas. (1973). Novelas completas. Barcelona: Bruguera

2. Sor Juana Inés de la Cruz. (1691) Respuesta a Sor Filotea de la Cruz.

3. Sor Juana Inés de la Cruz. (1691) Respuesta a Sor Filotea de la Cruz

4. Christine de Pizán. (1995) La Ciudad de las Damas. Madrid: Siruela.

Mujer que sabe latín, no tiene marido ni encuentra buen fin.

Refrán castellano.

 Podéis imponerme el silencio, pero no podéis imponerme que piense.

George Sand, Indiana.

* Doctora en estudios de Género, Identidad y Ciudadanía - Investigadora Universidad Simón Bolívar - Coordinadora de la Red Iberoamericana en Ciencias Sociales con Enfoque de Género (RED- HILA)

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